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Más de medio cenetenar de astorganos son apicultores

La miel de Astorga: 20 toneledas al año

por Isidro Martínez


No suelen estar a la vista, sino en rincones tranquilos. En el monte. No suelen llevar un distintivo, ni siquiera lo pone en el carnet, pero son apicultores.

En esta ciudad de cecina y chocolate, de mantecadas y servicios, los apicultores suman más de sesenta y la producción anual, en toda la comarca, se acerca a las 20 toneladas.

En la provincia de León, y hay otras con más tradición, la zona de Cistierna, y sobre todo Astorga, son polos de atracción y actividad de los apicultores. Los montes, en la práctica semideshabitados los pueblos, son escenarios adecuados para las colmenas, y Cepeda, Maragatería y, sobre todo el municipio de Brazuelo, paraísos del "fabricar" miel de brezo y flores.

En la década de los años sesenta los colmenares sufrieron un gran cambio, y un orquestado abandono. Los propietarios se fueron jubilando, sus hijos marchaban para la ciudad, y los enjambres acabaron por abandonarse del todo.

La ocasión no la pintan, sino que cada cual la encuentra, y muchas colmenas de Maragatería, de Cabrera y de la Cepeda pasaron, cuando nadie las quería, a manos de un grupo de personas que creyeron en el futuro de la miel.

Se podían contar hasta diez mil colmenas en esos tiempos, y aunque muchas se recuperaron, bastantes de ellas desaparecieron.

En el año 1975 tuvo lugar un congreso de apicultores. En las sesiones celebradas en Astorga se promocionó esta actividad, complementaria en casi todos los casos, pero de gran interés, y también se dieron orientaciones.

Diez años más tarde aquellos pioneros, ya asentados, pudieron crear la primera asociación de apicultores de la provincia leonesa, con sede en la capital, pero con los cargos representativos de Astorga, y la apicultura encontró un nuevo camino, en el que persisten.

 

En silencio

Al modo de las abejas, los apicultores no tienen censo de actividad. No necesitan papeles, y las abejas trabajan en el campo. Según las cifras que nos facilita Secundino Fernández -con Silva uno de los pilares básicos de la historia reciente de la apicultura astorgana- en la comarca puede haber hasta 150.

- Desde la asociación organizamos cursillos de promoción, técnicas sobre el cultivo y cuidado, y de ahí surgieron personas con una inclinación natural hacia las colmenas, hacia la miel. El paso del tiempo ha llevado a mejorar las explotaciones, y el auge actual viene de aquellas siembras.

En estos momentos el plante de colmenas puede llegar a las tres mil entre Maragatería y Cepeda (que suman unos 45 millones de pesetas en inversión) y el foco más importante se encuentra ubicado en el municipio de Brazuelo. Cabrera está desligada de esta actividad, y allí la pizarra ha sido enemigo insondable para el apicultor; deja muy poco tiempo para salir al campo.

- El censo más aproximado de apicultores en Astorga nos lo ofrece la asistencia a los cursillos. Eran más de 50 personas. Las colmenas las asientan, por lo general, en fincas propias en sus pueblos de nacimiento.

En muchos casos se han aprovechado colmenares antiguos, de las gentes que emigraron a la ciudad. Eran colmenas rústicas que se cobijaban en troncos de árboles (trúebanos) y que con la llegada de una enfermedad llamada la loque, obligaron pasar a las fabricadas, con la mayor factoría en manos de Ceferino, del barrio de Puerta de Rey, que vendía para Astorga y para toda la comarca, e incluso para provincias limítrofes.

La enfermedad posibilitó la modernización de todas las colmenas. Las rústicas ya sólo son un recuerdo, o una reliquia, en sus trúebanos del monte

- Las colmenas modernas evitan a las abejas la fabricación de cera, pero sobre todo permiten al apicultora la facilidad para tratar al enjambre contra las enfermedades, como la varroasis que durante años diezmó colmenas en toda España.

El sector conoció otro cambio en el año 1990. Desde Astorga surgió la idea de hacer una cooperativa. Y se llevó adelante. La nave se encuentra en la N-VI, en término de Pradorrey.

- Somos 35 socios con unas tres mil colmenas, y es que dedicarse en exclusiva, de forma profesional, a la miel es complicado y demanda una fuerte inversión. Por este motivo en Astorga sólo existen dos personas, aunque la cooperativa es un camino que permite agruparse y obtener ventajas, tanto a los profesionales como a los que dedican una parte de su tiempo a la apicultura.

 

Producciones

La producción de los enjambres asentados en las comarcas astorganas no es prefijada. Las abejas no son máquinas, y el tiempo es factor básico. Además, el clima y la primavera.

En el año 1996 la producción fue excelente, y se alcanzaron esos 20.000 kg que de media se envasan en nuestra zona, pero en el 97, y como ejemplo, la cosecha es catastrófica: las lluvias no han dejado producir, todavía y cuando ya el verano está  a la puerta, mas que una ínfima cantidad.

En un producto tan especial, con una producción tan peculiar, la comercialización no podía, por menos, que ser también alternativa.

- La cooperativa envasa y vende en proporción a la venta de cada socio, toda la que tiene salida, pero el resto de la producción y otros apicultores deben apañarse para encontrar mercados; porque en Astorga, por ejemplo, las grandes superficies no venden miel de Astorga, y los pocos locales que lo hacen, tienen un precio elevado.

La salida se encuentra, cada vez más, en los propios pueblos. En verano llegan los emigrantes de ciudad y adquieren muchos botes de miel, porque la calidad es seguro. Son ellos los que han fijado el precio para este producto.

Con la campaña de Productos de León, de la mano de la Diputación, la miel ha ido a buscar mercados, ha estado en ferias, y sigue en ese empeño promocional.

- El futuro no es esplendoroso, pero sí esperanzador. A pesar de las importaciones que tiran los precios y que nos ciegan los canales de venta.

Los apicultores de esta comarca están capacitados, y tienen el mismo nivel que los mejores de España. La venta es muy competitiva por un mercado limitado, pero la miel tiene futuro.

Una colmena completa se puede comprar por unas 15.000 pesetas, mientras que el enjambre cuesta unas seis mil, porque necesita varios años para consolidarse y comenzar a producir.

En la zona existe demanda de colmenas, pero no se suele acudir a otras zonas, porque la importación de los enjambres, al igual que la trashumancia, puede ser un camino seguro para nuevas enfermedades, de ah¡ que los apicultores prefieran seguir con los medios autóctonos

 

Algunos apuntes sobre la miel

 

La miel y sus recetas

 

En la mesa

(Informaciones facilitadas por: Secundino Fernández, apicultor).

Isidro Martínez