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Música en Astorga


Retablo Musical Astorgano

por Bernardo Velado Graña

En 1975 Bernardo Velado Graña publicó en "El Pensamiento Astorgano" y en "La Luz de Astorga" una serie de trabajos que, bajo el título de Retablo Musical Astorgano, pasaban revista a todos los acontecimientos que relacionan la ciudad y las personas de Astorga con la Música.

En 1.997 "El Pensamiento" comenzó a publicar de nuevo estos trabajos, a la vez que el propio autor ha escrito nuevos capítulos de actualización bajo el título Sinfonía Inacabada.

En esta página se recogerán todos estos trabajos:


Obertura 

Astorga pertenece al silencio, Astorga es silencio. Para sus pacíficos moradores, pero sobre todo para sus poetas.

Mañana, y hoy, y mañana,

cuando el oro del almiar,

cuando el son de las estrellas,

cuando el fuego en el pinar

lejano, cuando un silencio

de empañamiento inmortal!

Todo en rotación diurna

descansa en su más allá,

espera, susurra, tiembla,

duerme y parece velar,

mientras el peso del mundo

tira del cuerpo y lo va

enterrando dulcemente

entre un después y un jamás.

(L. Panero)

 

Astorga es

un lado del mundo

donde todo calla,

donde es todo ausencia

que nos acompaña

y nos reflorece

hoy, ayer, mañana

(L. Panero)

 

SILENCIO. Así, con mayúscula, es la definición de Astorga en el recién cocido Manual de ausencias del catedrático Pedro de Paz.

Pero en el silencio brota, amanece, se alumbra la palabra, la música, el son de las estrellas, el lenguaje de las campanas.

"Mientras todo el planeta se silencia...

con los ojos cerrados, Dios se siente".

Por eso Astorga, que es silencio, es también sinfonía, es música callada su soledad sonora.

Quiero pararme a escucharla, a saborearla en el presente; a evocarla en el pasado. Quiero mover los hilos invisibles de un retablo de maravillas escondido en parte en los años remotos de mi niñez astorgana. Un retablo musical de figuras señeras, que no sólo tienen relieve en el marco dorado de la infancia recobrada, sino también acento personal y voz propia; que se ha hecho oír con timbre irrepetible de genio y figura.

Si hace unas semanas espigaba en la mies abundosa de los escritores astorganos y su aportación a las letras españolas, quiero entrar ahora en la ciudad encantada de la música que es Astorga si tenemos oidos para oir.


Aires marciales y zarzuelas 

El centenario de los Sitios (1910) y sus celebraciones dejaron en Astorga no sólo el monumento de Enrique Marín, acertadamente trasladado de la plaza del Obispo Alcolea a la de Santocildes, sino también recuerdos musicales.

Ahí está el himno que consiguió el premio del concurso y del que es autor Benito Blanco y Fernández. La Música es de Tomás Mateo.

Recuerdo sólo algunos fragmentos:

Uncidas cien naciones a su triunfal carroza

hacer de España feudo Napoleón pensó

y a su ambición responden Astorga y Zaragoza

que exterminarnos pueden, pero humillarnos no.

 

Astorga, en esa lucha que el patriotismo riñe,

inexpugnable fuerte alzaste al invasor,

cada vetusto muro que tu recinto ciñe

la cicatriz conserva de tu inaudito ardor.

 

Contra ellas se estrellaron de Francia las legiones,

ni el hambre ni la muerte te hicieron vacilar,

y oyeron detrás de esos ruinosos torreones

el alma numantina de nuevo palpitar.

 

Por tanto valor cívico,

leal ciudad de Astorga,

hoy la nación hespérica

el galardón te otorga.

Con sangre de tus héroes

regaste ese laurel:

sobre tus sienes cíñelo,

digna te hiciste de él.

En esta parcela la música marcial son dignos de recordación los conciertos que daba regularmente el director de la banda del Regimiento de Órdenes Militares, don Félix Andrés, algunos de ellos en el marco solemne del patio del pozo del seminario. Era por el año 1927.

Por cierto que la llegada de dicho Regimiento fue con gran ilusión esperada en Astorga y hasta festejada con una comedia, Ya viene el Regimiento. El libreto lo compuso don Melitón Amores, sacerdote, después canónigo de la Catedral, poeta de la escuela de Gabriel y Galán, muchas veces galardonado. Muchas partituras son de don Angel Julián, el dueño de los famosos Talleres Gráficos que editaban música de Astorga y de fuera de Astorga. Lo hacía con tanta pulcritud como maestría. Hasta sus famosas barbas eran musicales. Colaboraron también en otra obra del género chico titulada El periodista D. Melitón y D. Leovigildo Blanco.

La afición al arte lírico en Astorga tuvo por entonces una de sus épocas de mayor relieve. No se pueden olvidar las sociedades, por ejemplo, el centro Segura, formado por artesanos y el Círculo Católico de obreros, dirigido por don Eduardo Aragón en el edificio donde ha venido funcionando años pasados el Cine Astúric.


Coros y danzas laureados 

Manuel García Matos, patrocinado por la UNESCO ha podido editar la colección de discos Antología del folklore musical de España, interpretado por el pueblo español.

Cuando ya se anunciaba esta etapa de cambio acelerado y vertiginoso, cuando ya declinaban los usos y costumbres ancestrales, las artes populares, las tradiciones, los cantares y las danzas, los folkloristas astorganos, como hemos visto, recogieron afanosamente en sus colecciones gran parte de este inestimable tesoro musical, legado, en parte, de siglos remotos.

En esta labor de recuperación y salvación es digna de todo encomio la esforzada y perseverante dedicación de la Sección Femenina y la innegable promoción que ha conseguido lograr a través de sus Coros y Danzas. Dos vertientes complementarias que en Astorga afortunadamente han sido cultivadas en armónico equilibrio.

Los trajes, las danzas, las canciones, la autenticidad y sencillez la sobria fidelidad a las esencias más típicas de Maragatería han cosechado unánimes aplausos de la crítica exigente en estas materias, porque han logrado no sólo dar vida a unas danzas y canciones en trance de desaparición sino que también han reunido los elementos populares necesarios para que pueda ser un testimonio y un documento vivo. En una palabra, nada de suplencias, ficciones o adulteraciones. Los trajes (de maya, de moza o de casada y los de maragato) son los que se guardan perfumados en el arca, herencia de los antepasados; el tambor y la dulzaina, sin olvidar la pandereta y las castañuelas, son tocados con maestría por viejos profesionales de los pueblos que no han abandonado nunca su directiva, inspiradora y rítmica labor. Hasta las mozas y mozos que bailan se sienten acompañados y guiados por los mayores que no han dejado de hacer una crítica con demostraciones contundentes a la hora de dar la zapateta, interpretar la bailina, la peregrina, a la jerigonza, "la danza del cordón de las mayas", o el momento de correr el bollo.

La boda maragata de Castrillo de los Polvazares salió a la pantalla en La España insólita, y fue una de las secuencias que despertó mayor admiración. Nada extraño que las ediciones del documental se hayan sucedido y que recientemente en Bélgica fuera invitado el grupo folklórico maragato para representar allí a España en un festival de bodas de distintos países.

Anotar los laureles y los triunfos, las distinciones ganadas por los Coros y Danzas astorganos, sería prolijo. Los mayores éxitos han sido alcanzados en los certámenes mixto de coro y danza donde el folklore astorgano es más rico de calidad, hallazgos y sorpresas.

Las letras son primorosas en su perfume campestre: De San José traigo el ramo; Anda diciendo tu madre; Las cadenas que me atan; Los pájaros son clarines; El perejil cuando nace; Las matas son esas penas; Cuando más hondo está el pozo; Dicen que lo azul es cielo.

Atención al grupo simpático y numeroso de maragatines que se preparan desde la más tierna niñez y se entrenan en el aprendizaje de los ritmos, danzas y canciones. Gratitud y estímulo a los que los inician y cultivan. Son prometedor futuro ya en su presente pletórico de aportaciones.


Las mil y una canciones (de don Venancio Blanco) 

Entre la legión de sacerdotes que se lanzaron en primera línea a la afanosa búsqueda y recogida de la música popular y folklórica española (uno de los filones más ricos del mundo en número, variedad y calidad exquisita), ocupa un lugar señero el insigne y humildísimo Maestro astorgano, el sacerdote D. Venancio Blanco que nació el dos de septiembre de 1863 y murió el cuatro de febrero de 1933.

Junto a los capitales nombres de Ledesma para Salamanca, continuado por Fraile, Olmeda para Castilla, la tetralogía vasca (Azcue, Donostia, Otaño, Almandoz), Arnaudas para Teruel, los catalanes Romeu y Anglés, Venancio Blanco para León, y al frente de todos, catedralicio de origen, aunque no clérigo, el patriarca Pedrell.

Cierto que, como la mayoría, se fue D. Venancio por el camino documental, de la colección más que por el de la depurada selección de lo más auténticamente popular y leonés. Mejor así. Porque los criterios no estaban ni están aún fijados, y se hubiera corrido el peligro de supresión apresurada y demoledora.

Las mil y una canciones populares de la región leonesa, de D. Venancio Blanco vieron la luz en Astorga desde 1909 a 1934 en los Talleres Gráficos: Angel Julián. El primer cuaderno se agotó rápidamente. El segundo obtuvo el primer premio del Ateneo Leonés en 1911.Tengo en la mano el volumen tercero, póstumo, publicado en 1934, que llega a la pág. 110 y la canción 118. El prólogo es del P. Nemesio Otaño, primera figura de su tiempo en la música sagrada y autoridad indiscutible en lo popular.

"Siempre he creído -escribe- que en materia de folklore regional, lo primero que se impone es una recogida amplia, general, de todo lo que corre en labios de las gentes de determinada comarca, sin exceptuar más que lo evidentemente exótico o claramente importado de cuarteles, teatros y otras emigraciones recientes.

Sólo después de las aportaciones de monografías parciales, recorrida toda España, se podrán cotejar, analizar las fuentes, influencias, especificaciones, cruzamientos, variantes, asimilaciones y se irán perfilando, concretando y precisando las características por métodos científicos. Será así un complemento indiscutible de los estudios históricos, filológicos y literarios.

Todavía no hemos llegado a una suficiente visión de conjunto -muy difícil en materia de folklorismo-. Mientras tanto no cabe otro recurso ni opción sino ir amontonando datos y seguir tratando de salvar, a tiempo, el tesoro disperso de nuestra tradición cantada, antes que se borre de la memoria o caiga en desuso.

Esta fue la tarea a la que D.Venancio Blanco, entre los pioneros, dedicó los mejores años de su vida, en una región amiga de su pasado. Por eso su recolección tiene ante todo un valor documental objetivo de innegable mérito acrecido por la fidelidad melódica y rítmica en la transcripción musical. Su trabajo de armonización para divulgar las canciones puede ser discutido, pero siempre situándolo en su tiempo de iniciador, cuando todavía no se habían divulgado entre nosotros las tendencias basadas en un estudio mejor orientado de los clásicos liederistas.

No puedo ver su obra publicada por entero. Sin embargo, abrió un camino que otros esforzados han continuado, principalmente el Maestro don Ramón G. Barrón. De él hablaremos otro día.

¿Se está a tiempo para completar esta labor? ¿Quiénes tomarán o han tomado ya la antorcha? Cada vez es más difícil captar lo típico y propio de una región, lo ligrimo al decir de Unamuno, que toda la palabra del lenguaje charro.

Lo más hondo y elevado del alma leonesa se vierte en las alquitaradas y sutiles esencias de sus canciones. Por medio de la pedagogía de sus cancioneros "riquísimo archivo de sentimientos" se ha transmitido lo más depurado y decantado de sus tradiciones ancestrales y de su sabiduría acuñada en galanas fórmulas, ritmos y melodías.


Leovigildo Blanco (Paganini)

Tengo a 1a vista sobre la mesa, cuando, escribo estas líneas, varias partituras musicales impresas en Astorga allá por la década de los años veinte al treinta.

Sin duda fue una etapa muy creativa y significante, gracias a los maestros que por entoncea figuraban en el retablo musaial astorgano.

El Maestro Leovigildo Blaunco, Director de la Banda Municipal, apellidado carifiosa y popularmente Paganini; fue autor de variadas y notables composiciones que no siempre llegaron a ver la luz de la publicación. Pero son más que suficientes las que han llegado hasta nosotros para poder apreciar su valía, por ejemplo las que figuraban en el apéndice de la obra de don Melitón.

Voy a referirme sólo a tres rnuestras de variado género cuya letra compuso el entonces joven periodista Magín G. Revillo Fuertes, durante tantos lustros director de la prensa local.

1. ''¡¡¡MURIO GRANERO!!!" es un pasodoble-noticia estrenado por Lola Montes para llorar la muerte del afamado torero en Madrid Fue un acierto de improvisación muy oportuna y española.

2. "FLOR DE ALEJANDRIA, "historieta", es una ganción delicada y romántica. Dibujó primorosamente el título y la portada E Alonso Gómez. Transcribo la primera estrofa, recordando que es una letra para cantar:

"Una joven en su edad de primavera,

arrullada por los cantos del amor,

al saber que era hechicera

no pensaba que es la vida una carrera

de dolor.

Y su loca fantasía

la traía

dulces sueños de ilusión;

mas la bella no sabía?

que los sueños

sueños son?.

La melodía y los acordes del acompañamiento al piano que son de gran fuerza evocadora de una época ya olvidada.

3. "LAURELES DE TRAGEDIA", por fin: una canción patriótica dedicada "a los héroes anónimos que en el altar sacrosanto de la Patria ofrecieron la vida en holocausto de su amor" Se trata del desastre de Annual y los héroes del Monte Arruit, en julio de 1921. Por mucho tiempo la tocaron las bandas militares. Recuerdo la primera estrofa y el estribillo:

Bruñidos por el sol africano inclemente

los hijos de la Patria sublime del Cid,

flameando con orgullo la bandera riente

su vida inmolaron en los yermos del Rif.

"¡España, Patria querida!

¡ Madre augusta de titánes !

Si está sangrando tu herida

ate alientan los Guzmanes.

¡ España; por Dios, no llores,

que si ruda fue la lid,

tu frente nimban las flores

del cielo de Monte Arruit".

En la portada, a los nombres del maestro compositor y del autor de la letra se une otra firma consagrada y famosa: la del pintor astorgano Demetrio Monteserín que la ilustra con original alegoría. Es la Patria que llora sobre la bandera y el escudo de España y coloca en el monumento a los héroes de Monte Arruit los laureles de tragedia, mientras amanece en el horizonte prome tedora la luz de un nuevo sol.

Las tres partituras están editadas en los Talleres Gráficos "Julián", para que todo en ellas fuera astorgano: la música, la letra, los dibujos y hasta las litografías, por cierto muy nítidas y bellas.

Pero a don Angel Julián y sus talleros musicales hemos de aludir muchas veces, que bein se lo merece.


Sinfonía inacabada (1.997)

Pecaría de anacronismo imperdonable y de agravio comparativo, si no intentara poner al día, aunque sólo sea con leves alusiones, este Retablo Musical Astorgano que publicó la prensa local (La Luz y El Pensamiento) en 1975, hace ya más de veinte años. En estos lustros, cerca ya del año dos mil, sin duda se ha enriquecido el Retablo con nuevas figuras y han aparecido nuevas instituciones musicales. Muchos de los compositores ya citados han acrecido notablemente sus creaciones. Y algunos de ellos, ya fallecidos, dejan una notable aportación artístico musical.

 

1. La Coral "Excelsior"

Haciendo honor a su nombre, sigue una trayectoria brillante de superación desde que se fundó en 1980 bajo los auspicios de la parroquia de San Pedro, con el impulso de las Juntas y directores técnicos que se han sucedido desde Angel Pérez hasta Milagros Alonso, en la actualidad. Su repertorio se ha ido enriqueciendo más y más hasta interpretar obras de gran envergadura como el Requiem de Fauré y estrenar el Oratorio de Pascua compuesto por el Maestro de Capilla, José María Alvarez. El campo de sus actuaciones se ha extendido a no pocos lugares de España y del extranjero.

 

2. Milagros Alonso

Milagros Alonso, la directora actual, nace de padres españoles en A Bad Sdchualbach (Alemania, 1969). Comenzó sus estudios musicales en 1978 al abrigo de la Coral naciente. Continuó los de piano en el Conservatorio de León, y posteriormente, en el Real Conservatorio Superior de Madrid obtuvo el título de profesora en la especialidad de Canto. Ha dirigido varios coros y escolanías en Madrid, Móstoles y Arganzuela, y ha ejercido la docencia en el Colegio Virgen del Bosque, en Villaviciosa de Odón (Madrid). Actualmente es también profesora de la Escuela Municipal de Música en Astorga. Son brillantes sus frecuentes intervenciones como solista.

 

3. Congreso Nacional de "Pueri Cantores" en Astorga

La celebración del VII Congreso Nacional de "Pueri Cantores" (Astorga, 8-30 de Junio y 1 de Julio de 1979) fue una fecha estelar para la música en nuestra ciudad y en la diócesis, un concierto de mil doscientas voces, de las variadas regiones de España, en veintiún coros. Un astorgano de adopción, Juan Carlos Villacorta, tuvo la feliz iniciativa de escoger la ciudad de "su infancia recobrada" para albergar a los "Pueri Cantores", mensajeros de la paz y la alegría, como antes lo hiciera Zaragoza, Palma de Mallorca, Santiago de Compostela, Toledo, Pamplona y Zamora. El Insigne Maestro y compositor P. José Ignacio Prieto, cargado ya de años y de méritos, asistió a los actos del Congreso como Presidente Vitalicio de la Federación Española. Con su Misa Pascual (4 v. mixtas y órgano) se clausuró el Congreso en una solemnísima concelebración catedralicia, presidida por el Sr. Obispo. Los "Pueri Cantores" invadieron la ciudad, "descubrieron" sus monumentos y su misterio y se esparcieron como una estela de luz y de armonía por los cuatro costados de la diócesis. Potenciar el inestimable servicio litúrgico y dar a conocer al pueblo los valores de la música sagrada, fue la conclusión principal del Congreso que influyó, sin duda, en la fundación y restauración de escolanías y coros.

De nuevo, en 1993 (8-11 de Julio) se celebró aquí el Encuentro de los "Pueri Cantores" "Camino de Santiago".

 

4. Restauración y bendición del órgano catedralicio

El domingo, 11 de Agosto de 1985, se bendijo solemnemente el órgano monumental catedralicio, con una celebración de alabanzas al Señor y de plegarias y preces, con interludios musicales y versos del órgano mismo recién restaurado. Dos años antes permaneció domiciliado en la hospedería del convento de "Sancti Spiritus" el prestigioso organero Federico Acitores, vinculado entonces a la casa Blancafort de Barcelona. Con su equipo familiar, con su pericia y experiencia, se dedicó plenamente a remozar y enriquecer "in situ" el gran órgano de la Catedral de Astorga. Quedó temporalmente vacía y limpia la preciosa caja barroca con sus dos fachadas, con sus tallas doradas vegetales, sus columnas corintias, su friso relevante; con el frontón coronado de escudo real, escoltado por dos medallones del Cordero pascual, distintivo del Cabildo. Yacen dormidos por el suelo en el alto corredor del coro los dos mil trescientos veintidós tubos de estaño que albergaba, en distintas formaciones: mitra central plana, cubos redondos y alas convergentes y divergentes, todo abrazado por dos grandes torres con los tubos mayores, de doce pies. Una gran artillería de trompetas se emplazaba en la base sobre el banco y la consola, con sus teclados y pedalier.

Se quedó solo David, el Rey, con su manto de armiño y su arpa; Sta. Cecilia con su órgano positivo, los caballeros y los ángeles heraldos, con sus cascabeles, guitarras, aulos, tibias y trompetas figuradas. Esperan impacientes el regreso flamante del ejército de tubos afinados y enriquecidos.

Juan Amezúa, hace un siglo, con elementos más antiguos (consta que había órgano en la catedral ya en el s. XIV) nos dejó un órgano semiclásico y semiromántico. Hoy, ya cerca del año dos mil, Federico Acitores, según el contrato firmado con el Cabildo con presupuesto de cinco millones de ptas., replanteó el órgano a partir de los valiosísimos elementos existentes, con visión de futuro. Un órgano clásico, manteniendo todos los motivos románticos en otro teclado. Nueva consola de ventana cara al órgano como estaba antes de Amezúa. Quinientos tubos más hasta el número de dos mil ochocientos veintiséis; registración eléctrica, cuatro contrastes, tres teclados manuales de cincuenta y seis notas y un teclado pedaliero con treinta.

Se pueden ejecutar en él composiciones organísticas de todos los tiempos. El concierto inaugural fue interpretado por el eminente profesor Adolfo Gutiérrez Viejo.

 

5. Los conciertos del bimilenario

La celebración del bimilenario de Astorga en 1986 tuvo una vertiente musical muy destacada en todos los géneros y a lo largo de todo el año. No sólo actuaron figuras consagradas como Montserrat Torrent y la Orquesta de Radio Nacional de España, sino que los valores jóvenes recibieron eficaz y estimulante impulso.

 

6. Evaristo Fernández Blanco, una figura redescubierta

La cumbre del bimilenario en lo musical fue el estreno del Cuarteto cromático para dos violines, violas y violoncello del insigne compositor astorgano Evaristo Fernández Blanco, una figura entonces redescubierta. El Alcalde, Juan José Alonso Perandones, en la presentación hizo votos "porque el futuro de nuestra tierra se escriba en un pentagrama cuyas notas sean la armonía, la tolerancia y la solidaridad".

Nacido en Astorga, en 1902, Evaristo Fernández Blanco, a sus 84 años, con sus hijos y nietos, fue emocionado a visitar la catedral, donde había sido monaguillo a principio de siglo. Yo le acompañé en su visita llena de evocaciones y recuerdos. Los nombres de Manuel Ansola y Marcelino González, Maestros de Capilla entonces, afloraban sin cesar a sus labios. Ellos le habían abierto los caminos de la armonía en sus estudios iniciales. En Madrid fueron sus maestros Tomás Bretón y Conrado del Campo. Y en Alemania, Schveker, Director de la Escuela Superior de Berlín, que elogió generosamente sus obras. Es sin duda uno de los compositores astorganos más fecundos en grandes obras a lo largo de su vida longeva. Algunas se estrenaron recientemente en el Teatro Real con gran éxito de crítica y público, por ej., La Obertura dramática, 1983, y la Suite de danzas antiguas, 1985. Deja muchas obras inéditas y no pocas han desaparecido.

 

7. Siete ciclos de Música en la Catedral

La Asociación de Amigos de la Catedral, con gestión ejemplar, recabando las ayudas de la Diputación provincial, la Junta de Castilla y León, el Ayuntamiento de Astorga y del Cabildo catedralicio, ha organizado ya siete ciclos de Música en la Catedral con un repertorio variado y selecto de obras e intérpretes, y con bellos y numerosos programas pedagógicos. La sede principal ha sido el templo catedralicio, por el órgano, naturalmente, pero también la sacristía y el Palacio de Gaudí. No han faltado conferencias y mesas redondas en cada ciclo anual que se extiende durante el mes de agosto y las fiestas de la ciudad.

 

8. Roberto Fresco Lozano

En toda esta perseverante labor cultural y artística, que ha logrado gran audiencia y unánimes elogios, es de justicia señalar y dejar constancia del acierto y la dedicación con que la ha realizado principalmente Roberto Fresco Lozano, organista de vocación, que conoce como nadie el órgano catedralicio, sobre cuyos teclados se han deslizado sus manos y sus pies durante tantas horas de su estudiosa juventud.

Nace Roberto en Astorga donde comienza su formación musical tras los años de bachillerato. Estudia cémbalo con G. Gálvez y órgano con el Maestro M. del Barco en el Real Conservatorio Superior de Madrid, obteniendo el premio fin de carrera. Continúa su formación con M. Torrent con la que sigue numerosos cursos de interpretación, principalmente sobre la música antigua ibérica. Posteriormente es becado por los Ministerios de Cultura de Austria y España para estudiar con M. Radulescu en la Hochschule für Musik de Viena. También ha seguido cursos con J. Willen Jansen, H. Meister, M. Guyard y K. Gilbert, etc.

Bien como solista, bien como miembro de diversas agrupaciones, ha realizado una importante labor concertística por toda España, así como en Holanda e Italia. Ha hecho varias grabaciones para Radio 2 y ha sido profesor de cémbalo de los conservatorios de Salamanca y Madrid. Es un gran organista cuya precoz madurez y una férrea voluntad de perfección le han convertido ya en director de cursos organísticos, como el desarrollado en el mes de julio (1997) por tierras de Palencia.

 

9. Astorga en la 3ª edición de Las Edades del Hombre: Música en la Iglesia

La 3ª edición de Las Edades del Hombre que organizan las 11 diócesis de Castilla y León tuvo su sede en la Pulcra Leonina, durante el año 1992, y dedicó su magna exposición a la Música en la Iglesia. Astorga se hizo presente con una ?misericordia? del coro y con partituras musicales del archivo catedralicio. Durante todo el año se multiplicaron los conciertos entre los cuales se destacan los del Grupo de Cámara Sebastián Durón, del Coro de S. Marcos y el de la coral Isidoriana, que dieron vida, aquí, in situ, a los motetes de Diego de las Muelas, Maestro que fue de la Catedral de Astorga en 1718, cuyas obras figuraban en la exposición y fueron editadas en el Catálogo.

 

10. Extensión de los conciertos de Amigos del órgano (León)

La cercanía de León nos ha regalado año tras año con la extensión de sus programas musicales, principalmente los del festival de órgano preparados con esmerado acierto por D. Samuel Rubio al frente de la Asociación de Amigos del Organo (León).

 

11. El nuevo conservatorio elemental de Música

Hay que saludar con gozo la reciente creación del Conservatorio Elemental de Música Angel Barja, de Astorga. En sus pocos años de vida ha dado ya espléndidos frutos en la promoción musical de niños, jóvenes y adultos. Su prestigioso cuadro de profesores, sus aventajados alumnos y el interés demostrado por los padres de familia y autoridades locales bien merece su necesario desarrollo ulterior.

 

12. Nuevo Director de la Banda municipal, Ignacio Climent Mateu

Desde 1995, uno de los profesores del Conservatorio, el de Trompeta, Ignacio Climent Mateu, combina su labor docente con la dirección de la Banda municipal, recogiendo la batuta del Maestro Luis Calvo Rey, recamada de historia gloriosa.

Valenciano de origen (Castelló de la Ribera), su esmerada formación musical en Valencia, Madrid, Salamanca, su experiencia y participación en numerosos conciertos de España y del exterior, pero sobre todo su juventud prometedora y su fibra artístico musical bien demostrada, auguran una etapa brillante a esta meritísima agrupación, inseparable de todos los acontecimientos celebrativos de la Ciudad bimilenaria.

 

13. Final

Sumergido en el profundo y apacible lago de los recuerdos, puedo escuchar ahora mismo la voz poderosa, llena de armónicos, de D. Pedro, el Tenor, que se ganó la vida cantando, la verdadera vida en alabanza al Señor; suenan en este instante las campanas todas de la catedral, que nadie acertó a tocar con la maestría del Sr. Prudencio en las distintas solemnidades y celebraciones hasta los secos y duros sones de la carraca del Viernes Santo. Oigo los Tantum ergo y Misereres polifónicos de D. Ramón G. Barrón, junto con los sonoros arpegios del Organista Mancha que llenaban las naves. Las trompetas de los Morla que inauguran la Semana Santa con el redoble de tambores y cornetas en las bandas multiplicadas. Los romances de los peregrinos jacobeos que cruzan la ciudad en riada ininterrumpida de siglos.

Sochantres, salmistas como D. Teodosio Torío y D. Teodosio Raposo o como Martinón atruenan las naves sin necesitar megafonías ni altavoces. Los nidos de coro como clarines que daban la nota pascual de sus agudos inocentes.

Mezclan sus acordes el piano del maestro Armando Cambra Nistal y de Begoña García con el clave finísimo de Pepín Silva y el laúd de Angel Fernández Cacharrón; la flauta de Luisa Calvo Rodríguez. Las fusas y semifusas danzan en los pentagramas y compases admirablemente combinados en la imprenta y talleres gráficos de Angel Julián, el compositor e impresor de la barba patriarcal.

Los Maestros de Capilla en una teoría infinita, desfilan interpretando sus motetes, versos y letrillas que en una Semana Musical de Cuenca presentó José María Alvarez en las columnas de su Catálogo.

Juan de Peñalosa, polifacético artista y poeta del barroco gongorino, nos acerca otras voces e instrumentos acordados que cantan a la Inmaculada las composiciones originales del Maestro de Capilla astorgano, Luis de Carvajal (conocido en España por insigne en su facultad), según dice en el folio 19 de su relación o Crónica escrita a mano en 1626 y no publicada hasta 1996.

Toda esta sinfonía orquestal que emerge rizando apenas la superficie del lago de los recuerdos no ahoga el canto de los pajarillos ni los crótalos de las cigüeñas, que en el vuelo majestuoso de sus alas van rizando las brisas.

Todos estos ritmos y los sones conviven en una sinfonía inacabada de siglos como en la naturaleza ya humanizada y sensible. Sólo requiere oídos para oír.

Termino estas notas, en torno a la fiesta de la Asunción de Santa María, la espiga granada de la cosecha de Dios. Angeles músicos la rodean en las dos fachadas de la catedral de la que es titular y patrona. Ella convierte los oros y la policromía del retablo mayor en un concierto de armonía para su magnificat de alabanza.

Muchos otros nombres habría que añadir a este retablillo musical astorgano que nunca ha tenido la pretensión de ser completo y exhaustivo sino recatadamente indicativo.

El proverbial silencio de Astorga está lleno de música porque la ciudad está sobrevolada de ángeles como intuyó Gaudí en el ensueño blanco del palacio episcopal. Para escuchar la música celeste, es preciso adentrarse en el silencio. Eso es lo que ha hecho la Astorga secular y bimilenaria: La esfinge canta.

 

Bernardo VELADO GRAÑA

Publicado en El Pensamiento Astorgano y en La Luz de Astorga, en 1.975. Publicado nuevamente y actualizado en El Pensamiento Astorgano en 1997.